Acerca de
Clase 75 por Jorge Aulicino
En el tramo presente de su prolífica obra Alberto Cisnero se aboca al recuerdo. Un trazo grueso une, en los planos de su memoria, una de las etapas más dolorosas del país —la Argentina— y la parte escarpada y trabajosa, no pocas veces sufriente, de la edad humana. “Clase 75” significa “estoy casi en los cincuenta y soy este producto de ellos”. Cada alusión se superpone a las otras, y ninguna es redundante. El íntimo plano, junto con el político, el social, el metafísico, se incrementan en un roce continuo en esta lengua áspera, precisa, material y sin embargo flexible hasta casi vaporizarse. Cisnero detiene el vértigo increíble de la cuarta parte final del siglo anterior y el comienzo del milenio, cuando la historia enterró de apuro cuerpos e ideas y estalló en una aceleración con olor a fuego. Así, desde las primeras líneas de este poemario, la literatura —lo que decir se puede— aparece en un concreto paisaje (“el viento mecería achiras / sobre la margen del asfalto, / restos de caucho, tizne”). La épica es aludida como un discurso derrotado: “¿mantuvimos las apariencias / tras los elementos figurativos / del lenguaje para con la derrota / librarnos de la derrota?”.Tiene apariencia de almanaque, de borrador, aunque con estrofas rectangulares la misma se recupera, y es ella la de una noticia hilvanada en la locura del hogar y los piquetes: locura de sobrevivir a ese margen que devora la historia desde implacables pantallas y hechos dinámicos, brillantes, sonoros y confusos. Un hito será este libro como eje de un tiempo socialmente marginal y políticamente medular.
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